En los oficios de la obra el problema nunca es el trabajo: es todo lo que viene pegado al trabajo. El presupuesto que escribes a las once de la noche, los veinte wasaps sin contestar, el parte que había que pasar a limpio, la factura de marzo que sigue sin cobrarse.

Ahí es donde la inteligencia artificial para fontaneros, electricistas y empresas de reformas se paga sola. No va a apretar un racor ni a calcular una sección de cable —eso lo dejamos claro al final, que es importante—, pero se come el papeleo. Siete usos concretos, con el texto que hay que escribirle y lo que cuesta.

1. El presupuesto de la obra, en diez minutos

Los precios los pones tú. Lo que hace la IA es ordenarlos, redactar la explicación y dejar el documento con cara de empresa seria. Es el uso que más dinero mueve, porque un presupuesto que se entiende se acepta más.

Soy [fontanero / electricista / empresa de reformas] en [ciudad]. Tengo que mandar un presupuesto a [particular / comunidad / constructora]. El trabajo es: [descríbelo como se lo contarías a un compañero]. Partidas y precios: [lista con importes]. Plazo: [X días]. Forma de pago: [X]. Garantía: [X].

Escríbeme el presupuesto completo: tres líneas explicando qué se va a hacer y por qué, las partidas ordenadas con su importe, un apartado de «qué no incluye» y el cierre con condiciones, validez de la oferta y garantía. Profesional pero sin lenguaje de abogado, que lo va a leer un particular. No cambies ni un número.

El apartado «qué no incluye» es el que te ahorra las discusiones del final de obra: retirada de escombros, ayudas de albañilería, pintura, permisos. Tienes las nueve partes que debe llevar un presupuesto en cómo hacer un presupuesto que te acepten.

Repasa la suma antes de enviarlo. Siempre. Con números la IA tropieza.

2. El parte de trabajo, dictado en la furgoneta

Sales de la avería, te sientas en la furgoneta y le hablas al móvil dos minutos: qué te has encontrado, qué has cambiado, qué material has gastado, qué queda pendiente. Después esa grabación se convierte en texto y de ahí sale el parte.

Te pego lo que he dictado después de una intervención. Sácame el parte de trabajo con este formato: cliente y dirección, fecha, avería detectada, actuación realizada, material empleado con cantidades, tiempo empleado, pendiente para una próxima visita y recomendación al cliente. Redacta en tercera persona y en lenguaje técnico pero legible. No añadas nada que no esté en el dictado.

[pega aquí el dictado]

Para pasar la voz a texto, el curso gratis de Notta lo explica en dieciséis páginas. Y sí, el mismo dictado sirve para el albarán y para la factura.

3. Los WhatsApp, sin parar la obra

Un gremio recibe todo el día los mismos seis mensajes: «¿a qué hora vienes?», «¿cuánto me costaría?», «¿me lo puedes dejar para mañana?», «se ha vuelto a estropear». Escribir una respuesta decente a cada uno, con las manos sucias, es imposible; mandar un monosílabo te cuesta clientes.

La solución no es contestar con IA en tiempo real: es tener diez respuestas ya escritas en las notas del móvil y pegarlas. Tienes doce listas para copiar en las 12 plantillas de WhatsApp para clientes.

Soy [oficio] y trabajo solo. Escríbeme diez mensajes cortos de WhatsApp, listos para guardar y pegar, para estas situaciones: confirmar la visita del día siguiente, avisar de que llego con retraso, dar un precio orientativo sin verlo, pedir fotos antes de ir, decir que esta semana no puedo, avisar de que el material tarda, recordar una factura pendiente, pedir una reseña, responder a una queja y despedirme tras la obra. De tú, máximo 40 palabras cada uno, cordiales pero directos, sin emojis.

4. Explicarle al cliente por qué cuesta eso

«Por cambiar un grifo, ¿tanto?». La respuesta la sabes: desplazamiento, hora de trabajo, material, garantía, la llave de paso que estaba agarrotada. Contarla bien, por escrito y sin sonar a excusa, es otra cosa.

Un cliente me dice que [la queja tal cual]. La realidad es: [explícalo con tus palabras, con todo lo que has hecho y lo que cuesta cada cosa]. Escríbeme la respuesta para mandarle por WhatsApp. Que explique el desglose en lenguaje de calle, sin pedir perdón por el precio y sin discutir. Máximo ocho líneas. Dame dos versiones: una más seca y otra más cercana.

5. La factura que no te pagan

El error clásico es callarse dos meses y luego mandar un mensaje enfadado. Lo que funciona es una secuencia de cuatro avisos que suben de tono despacio y por escrito.

Tengo una factura de [importe] de [fecha] sin cobrar de [tipo de cliente]. Trabajo [ya entregado / en curso]. La relación es [buena / tirante]. Escríbeme cuatro mensajes para enviarle por separado: el primero a los siete días de vencer, amable y dando por hecho que se ha traspapelado; el segundo a los quince, recordando el vencimiento; el tercero al mes, pidiendo fecha concreta de pago; y el cuarto a los cuarenta y cinco días, anunciando que paso el asunto a reclamación, correcto y sin amenazas. Máximo seis líneas cada uno.

6. Las reseñas de Google, que en este oficio lo son todo

Un fontanero se contrata casi siempre igual: alguien busca «fontanero + barrio» en el móvil y llama al de las estrellas. Dos cosas mueven esa aguja: pedir reseñas sistemáticamente y contestar bien las malas.

Pídela el mismo día que terminas, con el trabajo delante y el cliente contento, mandando el enlace directo de tu ficha. Y cuando llegue una de una estrella, no contestes en caliente: la respuesta no es para quien se quejó, es para los cien que la van a leer. Los seis textos están en cómo contestar una reseña negativa en Google.

7. Entender un pliego, una normativa o un contrato de mantenimiento

Las bases de una licitación de un ayuntamiento, el contrato de mantenimiento que te pasa una comunidad, las condiciones de una subvención de eficiencia energética. Treinta páginas que hay que leer y nadie lee.

Te subo [qué es]. Soy [oficio] [autónomo / empresa de N personas] en [provincia]. Explícame en lenguaje llano: 1) de qué va, en cinco líneas; 2) qué me obliga a hacer a mí en concreto; 3) plazos y fechas límite; 4) qué me puede salir caro si no me entero; 5) qué documentación tengo que presentar. Si algo es ambiguo, dilo en lugar de interpretarlo.

Para esto van especialmente bien las herramientas que citan la página de donde sacan cada cosa: el curso gratis de Claude para documentos largos y el curso de NotebookLM lo explican paso a paso.

Lo que no debes pedirle nunca

Esto no es una advertencia de relleno. En estos oficios un error de cálculo no es una errata: es un incendio, una fuga de gas o un forjado.

Lo que cuesta montar esto

Empieza por una sola cosa: el presupuesto. Es la que antes se nota en la cuenta.


Preguntas frecuentes

¿Sirve la IA para hacer presupuestos de obra?

Sirve para redactarlo y ordenarlo, no para calcularlo. Los precios, las mediciones y las horas los pones tú; la IA escribe la explicación, ordena las partidas y añade el apartado de lo que no está incluido. Revisa siempre la suma antes de enviarlo.

¿Puede la IA calcular la sección de un cable o una instalación de gas?

No debe usarse para eso. Los cálculos de secciones, potencias, protecciones o dimensionado de instalaciones se hacen con el reglamento y las tablas oficiales, y los firma quien tiene la competencia para hacerlo. Un error ahí tiene consecuencias graves.

¿Qué herramienta de IA le conviene a un autónomo de la obra?

Con una basta para empezar: ChatGPT, Gemini o Le Chat en su plan gratuito cubren presupuestos, mensajes, reclamaciones y reseñas. Si dictas partes a diario, añade una herramienta de transcripción. Para pliegos y normativa, NotebookLM.

¿Es legal usar IA para escribir a mis clientes?

Sí. Lo que no debes hacer es pegar datos personales de tus clientes —nombre completo, DNI, dirección, teléfono— en la herramienta. Anonimiza siempre: «un cliente de una comunidad» en lugar del nombre real.

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